Alfombra ondulada

Hacer vida en el suelo o, lo que es lo mismo, culebrear la existencia, es un objetivo al que muchos aspiramos. Tristemente, lo máximo a lo que se llega es a hacer vida sentado frente al ordenador, que está bien pero exige flexionar las rodillas, un esfuerzo desagradable donde los haya. En algunos tugurios se rumorea que si uno flexiona repetidamente las rodillas se materializa un diablo llamado Ejercicio y nos roba el alma y los Boca Bits. Otros, sin duda más fatalistas, sugieren la posibilidad de que se reproduzca una especie de kriptonita llamada "sudor".

Pero hoy estamos de suerte: Ana Mir y Emili Padrós han encontrado una especie de solución a tan afanosa labor. Es la alfombra ondulada. Su uso exige que todos los elementos de la casa estén al nivel del suelo para no levantarnos nunca más. Tendremos que rediseñar el aseo (agujero en el piso) y apostar por espacios amplios para arrastrarnos con mayor soltura. Estar tirado nunca fue tan fácil y deberíamos dejar de rebelarnos contra ello: que a un tipo, hace un millón de años, le diera por ponerse de pie no significa que todos debamos hacerlo. Basta de imitar. Basta de seguir órdenes, de someternos a la dictadura de la verticalidad; alabemos, en cambio, la horizontalidad. No hay que crecer como una amapola sino como una enredadera, extendiéndonos a lo ancho, sin combatir la gravedad, nunca hacia arriba sino hacia todos lados y sin esfuerzo, que uno ya sufrió bastante con la segunda trilogía de Star Wars. Eso redimió a toda la sociedad, cubrió el cupo de sufrimiento por los siguientes 100 años. Ahora toca descansar.
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